lunes, 10 de diciembre de 2007

La noche

La noche, con su manto de ébano acaricia mi piel.
Me envuelve, me atrapa, me subyuga,
me rindo a sus pies.
Me hipnotiza con su mar de estrellas
con sus luceros tunantes de capa y espada;
penetra por cada uno de mis poros
hasta llegar a la profundidad de mi alma,
mi cueva, mi morada de sentimientos,
donde todo un mar me separa con todos...
Alcanza mi espíritu y lo zarandea
como muñeco de trapo a caballo del viento.
Acaricia mi interior,
lo envuelve en una embreada tez
y lo deja tiritando en su desnudez.
No siento frío, ni vergüenza
por mostrarme en cueros
cuando el albor del amanecer
llama a mi puerta.
Sólo siento el temblor
de llegar a saber
lo que se siente cuando alguien
sorprende tu desnudez
y encuentra tu alma sin vestiduras
sin escudos ni parapetos
ni barreras de protección.
Sí, soy esa, la que ves ahí
la que tiembla en un rincón
porque se despojó de la prisión
donde guarecida, vivía sin temor.
Sí, soy esa, sin harapos, sin máscaras
la que se refleja en tu iris
la que desea cubrir su desnudo cuerpo
mas no su alma que entre tus manos,
abrazas y atrapas...
No la sueltes, guíala a través de tu luz
a alcanzar la plenitud del más allá;
no la abandones, de noche, desorientada
camina sin rumbo, necesita el lucero
que ilumine su sendero
con ese haz de divinidad que vió en ti
y que con él, le mostraste la verdad
la que se encuentra oculta en nuestro interior
y que ahora, asoma desnuda sin temblor
feliz por el guía que le mostró que en él estaba Dios.

1 comentario:

Ana Muela Sopeña dijo...

Escribes hermoso, Perla.

Visitaré tu blog de nuevo.

Gracias por tus palabras en el mío.

Un abrazo agradecido
Ana